El mundo es guiado por el artificio y en la era de la imágen, este propósito, es lo más autentico que, creo, puedo reivindicar.
miércoles, 9 de marzo de 2011
LA GAVIOTA I
viernes, 25 de febrero de 2011
A LA MIERDA!
jueves, 17 de febrero de 2011
VENEZUELA
domingo, 13 de febrero de 2011
MRS ROTTENMEYER
El caso más impactante de cuántos han ido llegando por nuestra redacción es, sin duda, el de la Señorita Rottenmeyer. Su enorme éxito como personaje de la serie Heidy se vio seriamente enturbiado por unas fotos encontradas en la cómoda de su alcoba, en las que aparecía la joven Clara posando desnuda.Todo salió a la luz cuando se estaba preparando el rodaje de una segunda temporada, de la aclamada serie televisiva, llamada: "Heidy, reina de los Alpes". Al parecer "la Rotten" mantenía estrechos contactos con la cadena dibu-porno "AYAKIKO" y con una revista manga de alto contenido erótico. A cambio de una buena suma de dinero, y de algún que otro favorcillo, la Rotten se convirtió en manager de la joven estrella. La malograda Clara pretendía así desvincularse por completo de la serie y protagonizar sus propias películas y todo habría salido a las mil maravillas si la envidiosa de Heidy, que ya se olía algo, no hubiese contratado a un detective para que siguiera de cerca a las dos únicos personajes capaces de ensombrecer su protagonismo. Una vez destapado aquel vergonzoso asunto, Clara fue eliminada del reparto y nunca más se volvió a saber de ella. En cuanto a nuestra singular amiga, fue procesada por salirse de sus papel de institutriz recta e impoluta, por introducir en el mundo manga a una menor y por perjudicar la irreprochable imagen de la serie. Como era de esperar le fue aplicada la pena máxima: ser figurante en una serie de dibujos Checa.
Al día siguiente los titulares de los periódicos más prestigiosos hablaban de aquello:
-"Fui inducida por un incontrolable ataque de ambición".
-"Sólo Juana Spyri puede juzgar mi conducta".
-"No me arrepiento de ser como soy".
Transcurridos tres meses, entre capítulo y capítulo de la serie Checa, fue pillada in fraganti traficando con unas fotos bastante comprometidas de Pichín, Blanquita, Diana y Niebla. Aquel lamentable e inexcusable suceso hizo que la productora desterrara, por y para siempre, a la Señorita Rottenmeyer del mundo del dibujo animado, pasando a formar parte de una tira de cómic en un periodicucho regional con distribución mensual.
miércoles, 12 de enero de 2011
CARTA A CLAIRE.1
martes, 11 de enero de 2011
ABSENCE
El chico corría sin sofisticación ninguna sobre una elíptica hipnótica. No pensamiento. No sentimiento. Ninguna caricia atrapada tras la oreja, algún verso olvidado entre ropajes de tiempos perecederos. Y allí estaba él, salpicando de pasos el linóleo móvil como quien intenta emancipar su alma de la desdicha y sentir profundamente que el camino tiene un sentido. Desde donde corre con artificiosa cadencia, se divisa un paisaje de los que procuran hacerte olvidar. Parece insertado ahí, una naturaleza muerta en vivo. El chico era luminoso, de ardientes ojos y sonrisa perpetua. Tras las cuencas de los ojos fluían ríos de una tristeza apagada, pero latente en años bisiestos. Hoy es un día de esos; días en los que las imágenes se fugan, sin dejar rastro, a lugares de no retorno que existen tras las flameantes luces del gran astro. La tez yerta y ausente. El pulso de la vida marcando puntos en el cardio. Un coche pasa por delante del chico; al otro lado de la cristalera una mujer conduce cegada y perdida, su rostro está enmascarado por un haz de luz ardiente, plastificado y extrañamente pálido. Una máscara. Un apósito adherido a la faz, una piel ficticia que esconde la verdad desconocida, la que todos intentan ocultar bajo capas de apariencia o desarraigo. La verdad resplandece tras las comisuras de la máscara. Pero esa máscara se ve sólo durante el instante fugaz en que los rayos iluminan la cara de la mujer. Que es también la del chico. La de todos. El coche desaparece y, con él, se esfuman también las quimeras. El chico piensa que la luz desvela la identidad secreta durante un instante breve, el ha sido testigo anónimo de un secreto viajante al otro lado de la cristalera. Algo en su interior tiembla. Detiene la máquina y olvida las calorías para pensar en quién es y por qué está ahí.
viernes, 31 de diciembre de 2010
FIEL A MI

Soy un pecador. Al menos así lo proclaman los designios del cielo. Soy un pecador cuyos pies han arrastrado inexorablemente mi santo culo hasta el confortable banco de una iglesia. Se celebra una misa en recuerdo al padre de un amigo querido. Pero yo no debería estar aquí. Todavía sangran ciertas heridas de mi infancia, creencias que me hicieron confundir bondad con sometimiento. Falacias revestidas de un acaramelado complejo de culpa universal. No me asusta ya la tentación de caer vencido ante un refulgente arrebato de fe, ni siquiera la venida de ese apocalíptico 2012 genera el menor hormigueo en mi estómago. Soy un pecador y estoy sentado en un banco impoluto, destinado a la oración y al ruego, para dar rienda suelta a mi incipiente instinto bloggero. Sí, estoy ávido de materia prima. Libreta en mano, (En realidad una agenda Oxford de color negro y naranja) con mi “Pilot Super-Grip” provocando actividad interna en el cerebro y mis ojos felinos acechando el instante que desencadene todo lo demás. ¡Que comience la fiesta!Suena el inevitable órgano con su letanía altisonante, no veo al organista pero se me antoja barroco, con bigote fino y con pajarita a lunares; es tan sólo una obertura que da paso al predicador. El cura, extrañamente flemático, prorrumpe en su sempiterno discurso sobre la abnegación del fiel ante la cruz ¡Qué cruz! Primeras notas al piano, ¡y hop! intervención del coro; bueno al menos eso pensaba yo antes de detenerme a observar el “Rincón de artista” para descubrir que sólo hay un señor, sobre los 50, con ínfulas de tenor de segunda. Su laringe va a mil y el diafragma, desacostumbrado a tamaña proeza, ha perdido el tono y la dirección… ¡Dios mío! (Perdón, ha sido en vano). La creación musical adopta tintes tragicómicos, me entran ganas de salir corriendo sin una meta, pero decido que aún es pronto. Los amantes de jazz miran al suelo, los de clásica sonríen, y una señora optimista decide aventurarse a acompañarle musitando palabras incomprensibles. Me chirrían los dientes y pienso en córvidos. El señor, al que llamaré Pepe, por su increíble parecido a Pepe da Rosa, sacude los brazos con apasionada intención, su piel adopta el color del tomate de pera y el organista intenta seguirle a la zaga, pero es inútil. Los aires grandiosos del solista aplastan toda posibilidad de brillo a nuestro anónimo piano-man. Match point para Pepe.Grita un bebé de forma estentórea ¡Aleluya! (otro de los clásicos) El pequeño no parece entender de leyes, regímenes, ni doctrinas. Se ríe con estrépito mientras proclama la presencia inmediata de su padre. Todo el mundo sonríe enternecido, mientras la madre apurada saca a nuestra estrella invitada de la escena. ¡Oremos al señor! Otra vez en pie; yo permanezco agazapado para disimular mi actitud de infiltrado y perspicaz periodista. A mi lado un señor, tipo Kevin Spacey de mayor, observa con semblante macilento como el padre expone sus argucias entre carraspeo y flema. Su expresión parece ratificar todo cuanto explica el pastor, pequeños y sutiles movimientos de cabeza que me hacen apuntar el detalle más llamativo de su hierática construcción: ¡lleva unas gafas con lentes abatibles! Permanece inmutable y está tan abstraído que comienza a cabecear por el gran acto de fe. Finalmente cae rendido en los brazos de otra deidad un pelín más pagana: Mr. Morfeo. ¡Ayyyy! Llegó el momento de los testimonios. Varias personas abandonan sus asientos para hablar al rebaño. El sonido del micro es envolvente, la reverb está a mil, supongo que por aquello de abrir la cúpula celestial a Dios. Uno se siente levitando en un mar de palabras. Cierro los ojos instintivamente, desconecto por segundos, es una sensación agradable… De repente escucho una respiración profunda ¿Alguien le dijo al padre que su micro está abierto? Tos involuntaria del ponente, carraspeo profundo y ¡pim, pam, pum! una flema para deleite de todos.¡Oh my god! (Frase ineludible en este contexto) Rumores entre los asistentes, caras desencajadas y el cura que pide paso a nuestro particular dúo de artistas. ¡Genial! El “Adeste Fideles”. Todo fluye en apariencia, el espíritu navideño se hace colectivo y nos hace olvidar el esputo corta- rollos ¡Hosanna en el cielo! Pero ¡Un momento! algo parece ir mal. Pepe duda ojeando a duras penas su partitura, la melodía adopta un tono oscilante; el latín se transforma extrañamente en Suomi y el cura se hace el sueco, se desentiende porque ya tiene bastante con lo suyo. El organista revive con un fulgor que interpreto como revancha, al tiempo que los asistentes cantan también en una extraña mezcla de latín e interrogantes comunes ¿Pero qué coño pasa? Pepe se desinfla mientras se filtra desde una ventana lateral de la iglesia, un nuevo ingrediente, para esta loca macedonia, que en nada ayuda a clarificar el caos. Suena el “Wiki- Wiki”, visualizo a mi vecina (Que lleva chándal fuxia y tacones) bailando street-dance. Me río sin disimulo, me miran con censura. No doy crédito. Nuestro solista sucumbe sin remedio ante las apabullantes últimas notas de “Sam”. Jaque mate del púgil anónimo. Suena un móvil polifónico, descubro con sorpresa que el Señor Spacey ha caído en picado desde su nidito de amor onírico. La intimidad perturbada, estupor, nerviosismo y los málditos dedos como morcillas que torpemente intentan apagar el demonio tecnológico. Una señora espera con estoicismo frente a él, le extiende amenazante un cesto de mimbre tuneado con renos y caperuzas rojas. Éste rebusca en sus bolsillos sin abandonar la misión encomendada y “el padrino” continua transportándonos a Sicilia. Al Fin lo apaga. Aunque me enternece la estampa, me imagino pegándole un puñetazo en toda la cara. Un momento demente como en “A dos metros bajo tierra”. Visualizas, te desahogas, y una fracción de segundo después vuelves a la tierra y nada te parece tan grave. Los móviles, son como los perros sin adiestrar, ellos no tienen la culpa.
Con tanto entretenimiento hemos llegado al final. Mi peor pesadilla en la niñez: “La paz”. Nunca sabía cómo reaccionar cuando se acercaba el fraternal momento. ¿Qué debo hacer? dar la mano, dos besos, un abrazo, un pie, un morreo lascivo y transgresor ¿Por qué no? ¡Hay que actualizarse pardiez! ¿No quieren más fieles? ¿No dice el Papa que el laicismo se instaura a pasos agigantados? Seguro que con mi plan de acción abarrotaba este lugar de vida social. Que me den cancha en el Vaticano.
Finalmente adopto una actitud casi mayestática, doy la mano a mis acompañantes y cierro el cuadernillo por aquello de no forzar la situación ni herir susceptibilidades. Suena el socorrido “Pueden marchar en paz” (Hoy más impetuoso que nunca, el párroco huye a hacerse unas gárgaras de miel y tomillo) camino hacia fuera con la agradable sensación de haber aniquilado todo rastro del pasado. A veces es tan sólo vaciarse, sentir que abres una compuerta que lo arrastra todo. Las ideas recalcitrantes y anquilosadas. La memoria mancillada. Los estigmas ya no están en carne viva, ni lo estarán. Por los siglos de los siglos Amen. Soy un pecador, lo sé.
domingo, 26 de diciembre de 2010
SALTO AL VACÍO
INGA: No, mi mano ya no responde... Es volátil y difiere de mí.
SHUE: ¡Déjate de sandeces y dame la puta mano!
INGA: Te daría mi alma, pero se ha desintegrado. No creo que los restos sirvan de algo, tal vez para tener un vago recuerdo de lo que fui cuando... Da igual...
SHUE: Alguien grande, importante, crucial en mi vida...
INGA: Alguien zafio, mediocre una sombra de mi misma envuelta en papel de celofán barato. No quieras confundir mi razón. Sé que nada tiene sentido ya...
SHUE: Lo tiene para mi, todavía espero cosas de ti, de nosotras...
INGA: Mis sonrisas caducaron, soy abstemia de emociones fuertes. Nada queda.
SHUE: El olor de tu cuello recién perfumado...
INGA: Hace días que sólo huelo a azufre. ¿Tenía un olor dulce en otro tiempo, verdad? Como a madrugada fresca...
SHUE: Sí, no llores y dame la mano.
INGA: ¿Te acuerdas de Hans?
SHUE: Lo recuerdo bien. Se marchó y nunca dio ninguna explicación.
INGA: El me quería. Yo sólo pensé que me necesitaba.
SHUE: Anda dame la mano y no te muevas ¿Quieres que hablemos de él?
INGA: Me dijo que no soportaba despertar sin una motivación...
SHUE: Era un vago, un ser sin inquietudes. Se fue porque le abrumaba su propia pereza, se cansó de respirar.
INGA: No, no es cierto.
SHUE: ¿Qué haces? ¡No des un paso más!
INGA: Estoy cansada, me duele este vacío que siento.
SHUE: Toma mi mano sentémonos y hablemos sobre el vacío.
INGA: El vacío de este acantilado me genera menos miedo que el mío propio.
SHUE: Es una mala racha, nada que no sea superable.
INGA: Es un tobogán con premio final. La quietud y el silencio. Quiero acallar las voces, gritan en las horas de luz y por las noches susurran palabras afiladas. Te dejaría un buen recuerdo, pero sólo me quedan sombras. Toma, lee esto.
SHUE: ¿Qué es?
INGA: El pensamiento de un pusilánime antes de morir.
SHUE: ¿Hans?
INGA: Sí, léelo.
SHUE: Como quieras, pero no te muevas de ahí.
INGA: Es una carta, estaba en mi mesita cuando desperté.
Inga, sonrisa de mi oscuridad.
"Hoy he descubierto que perdí toda posibilidad de redención cuando sentí que era esclavo de esa mirada tuya. Cada pequeña pigmentación de tu iris merece los versos del poeta más virtuoso. Ese no soy yo, pero me encantaría serlo. al menos una vez. Me voy de una manera cobarde, sin versos ni odas a tu iris; me voy como se van los que pierden el último tren y no hacen nada por remediarlo. Autor confeso de todos los palpitares que buscaron clandestinamente tu regazo. Lector aficionado de tus labios y de tu mente. Ingenuo espectador en busca de una recompensa que jamás pudo ser mía. Como dijo mi psiquiatra "Vivo de un idealismo destructor". Así que te dejo aceptando las reglas del juego. Mi falta de arrojo es un lazo que ya comienza a constreñir los órganos vitales. Es mejor así. Nunca volveremos a vernos aunque en mi imaginario siempre prenderé tu mano con discreción. Procura ser un ave libre".
SHUE: No entiendo, entonces él...
INGA: Fue vencido por el desánimo, sí. Una víctima más de la incomprensión. No supe entenderle.
SHUE: Pero eso es triste, no hagas de esa experiencia algo irrevocable.
INGA: Lo irrevocable de esta historia es que él nunca se haya sentido arropado por mi.
SHUE: Hans te pide que procures ser un ave libre...
INGA: Sólo tengo que desplegar mis alas, la libertad está allá abajo. Adiós.
SHUE: ¡No, Inga!
INGA: Ahora no puedes entenderme pero, no me juzgues. Esa será mi bendición.
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