hace extensible a la humanidad en general. Para empezar el planteamiento estético de vaciar la escena de toda ornamentación y ostentación, de utilizar las premisas teatrales del teatro pobre de Grotowski y delimitar con líneas blancas objetos, espacios y animales (No en vano el perro de Dogville es su propia silueta en el suelo y el audio de un ladrido) para dotar al ambiente de una decadencia y dramatismos que ni la más costosa de las puestas en escena alcanzaría en sus desorbitadas estructuras digitales. Luego está la inmersión sin tregua que hace en los conductos de la humanidad, sin pasar por los filtros del juicio ni por la estereotipada gama de personajes americanos tan manida como tediosa... ni siquiera otorga la esperada entidad de héroes a los protagonistas, que resultan tanto o más miserables que el resto de los personajes... ¿por qué? Pues porque son sólo vehículos para conducirnos a un aprendizaje extremo, tan salvaje como revelador, sobre nosotros mismos. Grace, la intrusa (Interpretada magistralmente por Nicole Kidman) Vive una evolución polarizada a lo largo de la trama... De la mano de la sospecha llega al apacible pueblo de Dogville al que somete su voluntad para no ser delatada ante aquellos que la buscan, guiados por extraños motivos... El pueblo la acoge y protege con fervor hasta que empieza a usarla y abusar de ella sin remordimientos... La culpa, la bondad y la maldad, el ansia de poder, el sentido de integración, la misericordia y la intolerancia... todos estos aspectos, muy presentes en la historia, deterioran la esencia del personaje hasta desvelarnos su verdad no tan luminosa y, desde luego, en la antesala de esa candidez dibujada en los primeros minutos de metraje. Trier quiere que empaticemos con Grace para darnos de bruces con nuestra propia imagen... Todos somos Grace, todos somos el pueblo... Imposible huir de un retrato universal que apunta hacia la falsa moral americana y sus estúpidas quimeras, pero de la que nadie puede escapar, aunque viva en el mismísimo Tombuctú. Esa es la grandeza de Trier, jamás deja indiferente en sus planteamientos. Hace poco me preguntaron por una película favorita... Y dije Dogville, porque ninguno de sus aspectos me dejó decepcionado o apático. El elenco actoral es bestial, acertado y contundente. La voz en off, un acierto. El universo de conflictos humanos roza lo teatral... esos silencios, esas miradas que hablan sin necesidad de acentos superfluos... Qué puedo añadir a lo expuesto más que... NECESARIO VISIONADO, incluso para detractores del cineasta danés... Sólo por el aprendizaje, el viaje y la lección magistral que encierra este experimento tan certero y conmovedor, merecerá la pena. Besotes.
El mundo es guiado por el artificio y en la era de la imágen, este propósito, es lo más autentico que, creo, puedo reivindicar.
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lunes, 19 de mayo de 2014
DOGVILLE
hace extensible a la humanidad en general. Para empezar el planteamiento estético de vaciar la escena de toda ornamentación y ostentación, de utilizar las premisas teatrales del teatro pobre de Grotowski y delimitar con líneas blancas objetos, espacios y animales (No en vano el perro de Dogville es su propia silueta en el suelo y el audio de un ladrido) para dotar al ambiente de una decadencia y dramatismos que ni la más costosa de las puestas en escena alcanzaría en sus desorbitadas estructuras digitales. Luego está la inmersión sin tregua que hace en los conductos de la humanidad, sin pasar por los filtros del juicio ni por la estereotipada gama de personajes americanos tan manida como tediosa... ni siquiera otorga la esperada entidad de héroes a los protagonistas, que resultan tanto o más miserables que el resto de los personajes... ¿por qué? Pues porque son sólo vehículos para conducirnos a un aprendizaje extremo, tan salvaje como revelador, sobre nosotros mismos. Grace, la intrusa (Interpretada magistralmente por Nicole Kidman) Vive una evolución polarizada a lo largo de la trama... De la mano de la sospecha llega al apacible pueblo de Dogville al que somete su voluntad para no ser delatada ante aquellos que la buscan, guiados por extraños motivos... El pueblo la acoge y protege con fervor hasta que empieza a usarla y abusar de ella sin remordimientos... La culpa, la bondad y la maldad, el ansia de poder, el sentido de integración, la misericordia y la intolerancia... todos estos aspectos, muy presentes en la historia, deterioran la esencia del personaje hasta desvelarnos su verdad no tan luminosa y, desde luego, en la antesala de esa candidez dibujada en los primeros minutos de metraje. Trier quiere que empaticemos con Grace para darnos de bruces con nuestra propia imagen... Todos somos Grace, todos somos el pueblo... Imposible huir de un retrato universal que apunta hacia la falsa moral americana y sus estúpidas quimeras, pero de la que nadie puede escapar, aunque viva en el mismísimo Tombuctú. Esa es la grandeza de Trier, jamás deja indiferente en sus planteamientos. Hace poco me preguntaron por una película favorita... Y dije Dogville, porque ninguno de sus aspectos me dejó decepcionado o apático. El elenco actoral es bestial, acertado y contundente. La voz en off, un acierto. El universo de conflictos humanos roza lo teatral... esos silencios, esas miradas que hablan sin necesidad de acentos superfluos... Qué puedo añadir a lo expuesto más que... NECESARIO VISIONADO, incluso para detractores del cineasta danés... Sólo por el aprendizaje, el viaje y la lección magistral que encierra este experimento tan certero y conmovedor, merecerá la pena. Besotes.
miércoles, 12 de marzo de 2014
MAGNOLIA
Una amiga mía insistió hasta la desesperación para que la viera (le faltó la súplica... Pero es muy digna ella y desistió a tiempo...) Sin embargo, la vida tiene esas cosas curiosas... esos intringulis que te llevan hasta el lugar adecuado y el momento propicio para alcanzar un visionado que se ha hecho esperar, tal vez, demasiado...En fin, hace poquito cayó en mis manos sin yo buscarlo (como me gusta a mí que sucedan los acontecimientos importantes...) y he de reconocer que fue una de las mejores sorpresas cinematográficas que me he encontrado a lo largo de los años... Magnolia, de Paul Thomas Anderson (Director de "The Master" y " Booggie nights" entre otras pelis...) es un viaje profundo hacia la miseria del ser humano y hacia el desenmascaramiento del alma atrapada en actitudes, mentiras y engaños que, por lo insoportable de su carga, necesitan ser liberados. La propuesta coral de historias entrelazadas, que tantas alegrías ha dado al cine independiente americano, tiene en esta pieza un exponente virtuoso de vidas conectadas entre sí por exiguos canales que evacuan, a duras penas, los conflictos existenciales de sus protagonistas. Conflictos que hablan de arrepentimiento, negación, frustración, represión, inocencia interrumpida y corazas. Conflictos que el autor sabe descomponer con un cuidado minucioso que emana amor hacia sus criaturas y que desprende una ternura brutal que, sinceramente, me ha conmovido más allá de lo meramente cinematográfico. Son todos deliciosos en su fragilidad y destilan incertidumbre y búsqueda como lo haríamos los seres reales en esos nefastos y aún dolorosos capítulos de nuestras vidas. No desvelaré nada trascendente sobre ella, me interesa mucho ofrecer una invitación sincera a los que no la conozcan. Diré, sin embargo, que hay tres momentos muy poéticos que acariciaron mi alma... El inicio...(Que recuerda a esa enorme Amelie) ...un fragmento sobrecogedor de los personajes principales en el que cantan una canción que me estremeció hasta el tuétano... y una lluvia de anfibios que partiendo de preceptos apocalípticos desemboca en un clímax absolutamente catártico y necesario... una limpieza colectiva sin edulcorantes y sin olvido. Grandes interpretaciones de todos, con mención especial para Tom Cruise (que no es santo de mi devoción) y Julianne Moore (Que sí lo es, sin excepción)...Un metraje de tres horas que transcurre ágilmente gracias a su B.S.O y su fantástico trabajo de montaje y una historia de esas que, a los que nos gusta escribir, nos despierta el apetito de contar nuevas historias que hablen de cosas de verdad... por muy inverosímiles que puedan resultar en un momento dado. A por ella...
domingo, 8 de septiembre de 2013
REVOLUTIONARY ROAD
Uno se queda tocado y hundido cuando cae el telón de esta adaptación de la novela "Vía revolucionaria" de Richard Yates, expresión más que apropiada si consideramos el carácter eminentemente teatral de esta pequeña joya del celuloide que sirve para unir en la gran pantalla, una vez más, a estas dos bestias de la interpretación cuya química es una celebración escénica, en toda regla, de madurez envidiable y de solvencia. No negaré que la Winslet es mi debilidad junto a Moore o la Kidman y afirmo que Di Caprio me suele dar cierta grima en su grandilocuencia...Pero cuando hay que quitarse el sombrero uno es un señor... El director es Sam Mendes, alguien a quien admiro profundamente por otra gran "radiografía humana" como es "American beauty".
No desmenuzaré el argumento, porque para eso ya tenemos a nuestra Troyana, especializada en "Anatomía fílmica con delicadeza reflexiva"pero si comentaré algunos momentos y sensaciones que merecen ser compartidos...
1- El eterno debate entre lo que se "tiene que hacer" o lo que "uno siente que quiere hacer", se sirve en la mesa desde el inicio...ella actriz...él bussiness man con opciones a escalar en el complicado mundo empresarial... y también está "el sueño americano", cómo no, dispuesto a corromperlo todo y a sembrar la desidia en ese mundo de aparencia en el que tan bien parecen desenvolverse sus personajes...
2- La conexión de April Wheeler (Winslet) con el título viene determinada por la necesidad de un cambio existencial urgente que sufre el personaje para salvar la vida de su pareja, la suya propia y el sentido de su convivencia. A mi me recuerda a Nora Helmer, un personaje teatral que revolucionó la literatura universal con su decisión transcendente. Para los que hayan leído o visto " Casa de muñecas"... ya sabéis de que hablo. Para los que no... una invitación. April, como Nora, no soporta la idea de abandonarse a la monotonía y a la desesperante idea de una vida organizada y aparente.
3- El personaje del "loco atormentado" (que interpreta, magistralmente, un desconocido Michael Shannon) representa, bajo mi criterio, la clarividencia y la cordura en un mundo de corderos sin voluntad. Se trata del hijo desequilibrado de unos amigos de los Wheeler y posee una de las mejores escenas de toda la película. Aquella en la que retrata a los protagonistas, cual analista social sin remilgos ni ganas de complacencias, mostrándoles el reflejo real del escapismo y la falta de voluntad de la que adolecen en ese espejo en el que jamás se han observado. La vacuidad de una existencia que cree vivir de la felicidad, pero sólo se nutre de subsistencia. Su poética crudeza es una delicia.
4- La ficción, vivir de la ficción, vivir en una mentira, aparentar... y querer ser de verdad. Ya sabéis que aquí, en mi pequeño lugar... me gusta hablar no sólo de las certezas, sino de los caminos que construyen esas certezas alguna vez en la vida. La película es una buena bofetada a esa parte de cada uno que acepta lo que viene sin cuestionar... Como yo estuve instalado allí, en ocasiones estoy y es probable que en un futuro siga estándolo en pequeñas parcelas de mi vida... me viene bien el visionado y también la recomendación. No os la perdáis. Lo remueve todo. Besotes.
domingo, 22 de enero de 2012
MELANCHOLIA
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