ANYA: No quise casarme con él, contrariando otras
voces menos reconfortantes. Andrei era mi amado, elegido entre pretendientes
perfumados, me quedé con el único que olía a tierra y a sal. Era de verdad y me
quería por encima de mi nombre y de mis ideas. Aquella mañana se apartó de mí
con un sigilo casi felino, agazapada entre sábanas y olores todavía en vigilia,
fingí no escuchar lo que susurró en mis oídos antes de cruzar el umbral de la
puerta… Dijo: No hay un ahora más cierto que éste. Me besó la mejilla y se
fue. Yo sonreí saboreando el exquisito gesto de quien sabe conjugar palabras y afectos
sin resultar solemne. Sus pasos resonaron en mi pecho como una despedida…
lejanos y nítidos. Pero yo no pensé en nada más. No quise dar rienda suelta a
la intuición. Tan sólo cerré los ojos y me sumergí en mi vientre, dispuesta a recoger cualquier estímulo reconocible del
pequeño Sasha. Bien entrada la tarde
tocaron a la puerta. Dos señores de expresión recia hablaron en silencio,
asistiendo al derrumbamiento de un alma incapaz de aceptar que su intuición era
cierta. Sólo me entregaron una nota escrita con prisa y violencia. Andrei Petrov ha sido abatido a tiros en la
calle Sadova. Causa del incidente desconocida. Después de dejar en mis
manos su reloj y su libreta, los señores se marcharon con la cadencia indolente
de un buitre que ya ha desollado el esqueleto. Desde aquel entonces escuchar el
sonido de los pasos en la lejanía paraliza mi tiempo. Andrei era un creador,
inofensivo en la acción pero tan efectivo en la oratoria. Tendrías que haberlo
visto contagiando su credo a escépticos y transeúntes. No tenía mesura, se
entregaba a su causa sin temor. Quería una Rusia libre, ese fue su pecado. Pero
aquella mañana blanca de noviembre todo se tiñó de rojo. Andrei yaciendo en la
calle Sadova y yo expulsando la posibilidad de Sasha, retorcida en el suelo por
las convulsiones de dos dolores insoportables. Andrei y Sasha se esfumaron
juntos aquel día de incertidumbres. Y la joven maestra que respiraba deseos,
impulsos vitales, proyectos repletos de expectación… Tuvo que retirarse
discretamente para no enaltecer un sufrimiento inútil que asustaba a los niños,
enfangando mi ánimo y enterrando la cordura entre los libros.
Fragmento de la pieza: "El legado" 2014.
