Mostrando entradas con la etiqueta EL LEGADO. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta EL LEGADO. Mostrar todas las entradas

martes, 8 de abril de 2014

LA VERDAD DE ANNA ALEXANDROVNA


ANYA: No quise casarme con él, contrariando otras voces menos reconfortantes. Andrei era mi amado, elegido entre pretendientes perfumados, me quedé con el único que olía a tierra y a sal. Era de verdad y me quería por encima de mi nombre y de mis ideas. Aquella mañana se apartó de mí con un sigilo casi felino, agazapada entre sábanas y olores todavía en vigilia, fingí no escuchar lo que susurró en mis oídos antes de cruzar el umbral de la puerta… Dijo: No hay un ahora más cierto que éste. Me besó la mejilla y se fue. Yo sonreí saboreando el exquisito gesto de quien sabe conjugar palabras y afectos sin resultar solemne. Sus pasos resonaron en mi pecho como una despedida… lejanos y nítidos. Pero yo no pensé en nada más. No quise dar rienda suelta a la intuición. Tan sólo cerré los ojos y me sumergí en mi vientre, dispuesta a recoger cualquier estímulo reconocible del pequeño Sasha.  Bien entrada la tarde tocaron a la puerta. Dos señores de expresión recia hablaron en silencio, asistiendo al derrumbamiento de un alma incapaz de aceptar que su intuición era cierta. Sólo me entregaron una nota escrita con prisa y violencia. Andrei Petrov ha sido abatido a tiros en la calle Sadova. Causa del incidente desconocida. Después de dejar en mis manos su reloj y su libreta, los señores se marcharon con la cadencia indolente de un buitre que ya ha desollado el esqueleto. Desde aquel entonces escuchar el sonido de los pasos en la lejanía paraliza mi tiempo. Andrei era un creador, inofensivo en la acción pero tan efectivo en la oratoria. Tendrías que haberlo visto contagiando su credo a escépticos y transeúntes. No tenía mesura, se entregaba a su causa sin temor. Quería una Rusia libre, ese fue su pecado. Pero aquella mañana blanca de noviembre todo se tiñó de rojo. Andrei yaciendo en la calle Sadova y yo expulsando la posibilidad de Sasha, retorcida en el suelo por las convulsiones de dos dolores insoportables. Andrei y Sasha se esfumaron juntos aquel día de incertidumbres. Y la joven maestra que respiraba deseos, impulsos vitales, proyectos repletos de expectación… Tuvo que retirarse discretamente para no enaltecer un sufrimiento inútil que asustaba a los niños, enfangando mi ánimo y enterrando la cordura entre los libros.

Fragmento de la pieza: "El legado" 2014.