
Seguro que en alguna ocasión te has preguntado...¿Qué habrá sido de aquellos personajes carismáticos de antaño, después de su apogeo artístico-televisivo? Si es así ¡excelente! Pues aquí y ahora tendrás la oportunidad de conocer todo aquello que los medios de comunicación te han denegado.
Por ejemplo: Tintín, el eterno joven de vestimenta inalterable y rostro angelical ¿Acaso crees que el resto de su vida fue un camino de rosas? ¿O que la suerte le sonrió siempre en los momentos más desesperados...?
No te engañes, nuestro reportero pasó por una profunda crisis en la que ni las drogas, ni el alcohol, ni el propio sexo pudieron ayudarle ¿Cómo, te asombras? ¿Piensas tal vez que Tintín no mantenía relaciones íntimas como cualquier hijo de vecino? Has de saber que el tupé no era la única prominencia relevante de su cuerpo; y lo de las drogas, seguro que lo intuías ya. Desde aquella exótica aventura del "loto azul" su relación con el opio se había convertido en algo más que un mero trámite visual de viñeta de cómic.

Bueno, bueno... Vayamos al grano. El drama personal de Tintín comenzó el día en que Milou dejó de tener bocadillos en las tiras, ya no manifestaba sus ideas abiertamente y lo único que salía de su hocico, muy de vez en cuando, era un vulgar y escueto ¡GUAAAAUUU!! Fue entonces cuando lo supo, Milou padecía un "Cáncer desanimado". Su blanco pelaje se estaba oscureciendo, caminaba cabizbajo y ni siquiera las fantochadas del Capitán Haddock le divertían ya... ¿Qué hacer? ¿Cómo ayudar al pobre Milou? ¿Significaba aquello el fin de la pareja más internacional del mundo? La adicción de nuestro héroe al whisky se hizo un hecho latente en los ecos de sociedad y, en consecuencia, dejó de recibir misiones por encargo, viajes a los consulados de Oriente o reportajes extraordinariamente enrevesados. Acompañó a Milou hasta que desapareció definitivamente de aquel mundo de dibujo. Lo peor vino después; el carácter de Tintín se transformó por completo; se hizo huraño, maleducado e intransigente. Incluso muchos cómics de los llamados "oscuros", aprovechando aquel interesante cambio de registro, quisieron tentarle con cantidades astronómicas para que protagonizara sus historias. Pero no hubo forma de convencerle.
Nuestro joven reportero se encerró en la viñeta de su sala de estar y cuando el hastío, la soledad, la tristeza y el whisky colmaron su dolor, cogió una goma de un cajón de la mesita y se borró; dejando tan solo unas letras, apenas legibles, que decían:




